Existen dos corrientes que tratan de explicar el comportamiento de las personas, pero ¿qué hay de innato y/o cultural en el comportamiento humano?
Según el innatismo, el comportamiento vendría determinado en desde el nacimiento. La herencia genética definiría los patrones de conducta de las personas.
Por otro lado, el ambientalismo atribuye al entorno de la persona la responsabilidad de su conducta. Da por hecho que la persona es maleable.
También existe la concepción de ser humano como una tabula rasa, es decir, está vacío y es la sociedad la que lo va conformando.
Durante muchos años se ha creído que las diferencias sociales se explicaban conforme a las dotaciones hereditarias. El llamado “darwinismo social”, justificaba la estructura social como resultado de la lucha por la supervivencia y la selección natural. Una consecuencia grave del innatismo es la pérdida de responsabilidad del individuo sobre sus actos.
Las consecuencias del ambientalismo también han sido notables, ya que los actos se justifican como inducidos por la sociedad (modas, medios de comunicación…).
En consecuencia, el innatismo se traduce en el pesimismo pedagógico, por lo que no se puede hacer nada para cambiar la conducta de un niño.
La investigación realizada desde la Sociología de la familia, ha demostrado que las conductas de niños y niñas, no son independientes de los estilos educativos de los padres.
Según lo visto en clase, y el texto de Rafael Merino “Individuo y Sociedad y Agencias de Socialización”, en la intervención social, hay que tener en cuenta las posibilidades de rehabilitación de los individuos, es decir, de modificar las trayectorias vitales de los mismos, en concordancia entre la acción individual y los condicionantes del entorno.
Hablando del comportamiento humano, y una vez introducidas estas dos corrientes, es necesario analizar el proceso de socialización, a través del cual, el individuo se incorpora a la sociedad (a través de la estimulación, desarrollo de las características comunes de la sociedad, etc.).
Durante años, la socialización fue criticada desde varias perspectivas teóricas. Durante los años 70, el psicoanálisis y el marxismo estructuralista entendieron la socialización como imposición de un orden establecido y como represión.
En la actualidad, toda sociedad que quiera seguir siéndolo necesita de mecanismos de reproducción a través de los cuales se realice la incorporación de nuevos miembros a la estructura dada. Estos mecanismos son de dos tipos: control social y adscripción identitaria.
El “control social” se basa en la necesidad de vivir en grupo. Cuando una persona se desvía de la norma, enseguida aparecen mecanismos de control (ridiculización, murmuros…).
En cuanto a la adscripción identitaria, los roles son un elemento principal, que marcan los papeles definidos socialmente e interpretados por los individuos. Los roles son patrones de conductas que se aplican en situaciones sociales tipificadas.
No todos los individuos pasan por el mismo proceso de socialización, pues dependerá en gran medida de las posiciones sociales a ocupar una vez incorporados a la sociedad (dependiendo de la edad, sexo, clase social, etc.), lo que responde al término de socialización diferencial.
El proceso de socialización, puede diferenciarse en tres momentos: socialización primaria, secundaria y terciaria o resocialización.
La socialización primaria es la más básica, y la que atraviesa el niño/a durante la infancia. Se construye su personalidad y se incorpora a la sociedad. El principal agente socializador es la familia y es muy importante la carga afectiva.
En un proceso posterior, socialización secundaria, se introduce al niño/a a nuevos sectores como la escuela, que ejerce de principal agente socializador, acercándole al grupo de iguales. La carga afectiva es reemplazada por las técnicas pedagógicas, las cuales facilitan el aprendizaje.
Con la socialización terciaria, la persona se reincorpora a la sociedad tras un período de inadaptación o exclusión social al no haberse desarrollado satisfactoriamente los procesos de socialización primaria y/o secundaria.
Las instituciones que tienen como función la incorporación de los individuos a la sociedad, las llamadas agencias de socialización, son muy diversas, lo que dificulta la coordinación entre las diferentes instituciones, que son: familia; escuela; medios de comunicación; trabajo; ocio y tiempo libre, y grupo de iguales.
En la familia, se ha producido un cambio social en la estructura bastante notable con el paso de la familia troncal o extensa a la familia nuclear. A finales del siglo XX, se ha tenido lugar una segunda transición, la postnuclearización familiar, con la que se han diversificado en gran medida las formas familiares (sobre todo, familias monoparentales).
Además de la diversidad de estructuras familiares, también podemos encontrar una clasificación variable en función de los posibles estilos educativos de los padres hacia sus hijos/as: estatutaria; proteccionista; permisiva y negligente.
En cuanto a otro importante agente socializador como es la escuela, podemos decir que ha experimentado una evolución importante. Uno de los cambios más destacables es la extensión de la obligatoriedad de la escolarización.
Esta nueva escuela de masas (anteriormente sólo para élites) se ha ido construyendo en el tiempo generando un sistema educativo, con reglas, leyes, roles diferenciados y dos tipos de funciones: la económica y social.
Los medios de comunicación juegan un papel de influencia muy importante en la educación de los niños/as y jóvenes. Hay que ser consecuente a la hora de asumir qué es lo que transmiten estos medios: violencia, agresividad, estereotipos de roles…Estos valores no son de ayuda a la hora de preparar a futuros ciudadanos en los valores cívicos deseables.
Otro agente socializador, el ocio y tiempo libre, desde principio del siglo XX se empezó a considerar que en el tiempo libre se podría intervenir educativamente, y así poder paliar las deficiencias de las instituciones familiares y educativas.
El grupo de iguales, agente importante durante la adolescencia, está estrechamente relacionado con el anterior, ocio y tiempo libre, ya que durante este período la mayor parte del tiempo se intenta pasar con el grupo de iguales.
Ya que la socialización es un complejo proceso, en el que deben interaccionar tantos factores como hemos visto, y teniendo en cuenta que cada individuo se desarrolla en unas circunstancias totalmente únicas y especiales, el fracaso del proceso de socialización respecto a algunos de estos agentes coloca al individuo en una situación de riesgo.
El aprendizaje erróneo de las habilidades sociales puede desembocar en el desarrollo de conductas antisociales a largo plazo y a no saber establecer relaciones interpersonales de la manera que la sociedad espera.


0 comentarios:
Publicar un comentario